Nunca creí que existiera la perfección, no creía que nada fuera tan perfecto en el mundo por si mismo.
Pero la vida me ha enseñado algo, y es que sí que existen algunas perfecciones, las cuales me gusta denominar como “pequeñas perfecciones absolutas”.
Estas perfecciones son, por ejemplo, aquellas que encuentras en una canción, que al escucharla piensas que demuestra perfectamente todo lo que se puede sentir.
Pueden ser también atardeceres, sonrisas, conversaciones, una noche de estrellas… Esas cosas que pueden pasar desapercibidas para los demás pero que para ti cobran un sentido especial, esas son las pequeñas perfecciones absolutas.
Todos tenemos algunas perfecciones que nos gustan, aunque no lo sepamos, por eso me gustan esas perfecciones, porque son pocas, porque en una pequeña lista caben todas.
Y puede parecer peculiar, incluso estúpido, pero reconozco que descubrí esas pequeñas perfecciones al conocerle. Porque todavía no conozco una “pequeña perfección absoluta” que sea más perfecta que su sonrisa, y dudo que algún día haya algo que le supere.
Yo he conocido mi lista de perfecciones en muy poco tiempo, entre ellas se encuentran: su sonrisa, su mirada, su manía de tener siempre la palabra correcta en el momento adecuado… Nunca vi tantas perfecciones juntas, por eso ahora tengo claro que seguiré enamorándome cada día un poco más de sus pequeñas perfecciones absolutas.
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