sábado, 5 de septiembre de 2015

Lo que sí esta en los escritos

Me gusta la gente así, esas personas que dan todo sin pedir nada a cambio, esa gente que cuando te equivocas te ayudan a levantarte y no intentan hundirte más aún. 
Me gusta esa gente, la que dice las cosas de frente, la que no oculta lo que piensa aunque pueda hacer daño, esa gente que en realidad busca tu bien. 
Sí, me gusta esa gente, esa que siempre tiene la palabra precisa en el momento adecuado, esa que te revienta pero que sabes que tiene toda la razón. Esa gente con la que puedes pasarte horas y horas hablando de temas interesantes y no de cualquier bobería. Me fascina ese tipo de gente.
Me gusta la gente que sabe pasárselo bien, que disfruta cada segundo... Como por ejemplo esa gente que canta a pleno pulmón sin tener el mínimo oído para la música pero la disfruta más aún que los que saben cantar. 

Me gusta esa gente que lucha por lo que quiere, que no se rinde, que no encuentra barreras para seguir adelante y que si las encuentra las salta. Me gusta esa gente que se cree superman y que puede con todo. 
Me gusta esa gente con la que puedes sentarte en silencio y sentirte a gusto, me encantan esos silencios, hay silencios que valen la pena escuchar. 
Me gusta esa gente que hace de cada momento un momento único, esa gente que sabe gritar, llorar, reír. Esa gente que siente sin miedo, me encanta ese tipo de gente. 
Me gusta la gente que sabe abrazar, pero de verdad, esa gente que te envuelve en sus brazos y te transporta a otra realidad, que saben darte calma, esa gente que sólo con tenerles al lado te hace la vida un poco más sencilla, como si sólo con estar ahí conmigo el dolor se hiciera un poco más soportable. 
Me gusta esa gente, esa que se enamora de un buen libro o un buen escritor, de una canción, de un artista, y quiere compartirlo contigo. Esa gente vale la pena tenerla cerca. 
Me gusta esa gente con la que puedes hacer locuras sin sentirte un bicho raro, esa gente que se guía por impulsos y no por el que dirán, esa gente lo merece todo. 
Me gusta esa gente que camina relajada, que mueve las manos al son de cada paso, esa gente que parece no llevar prisa. 
Me gusta muchísimo esa gente que es capaz de ser amigo y psicólogo a la vez.
Me gusta esa gente, esa a la que le dan ataques y te abrazan de repente o hacen un gesto cariñoso, esa gente que cuando le da morriña al dormir hacen cosas inexplicables pero que te hace tenerles más cariño aún. 
Me gusta esa gente que no se mueve cuando duerme, esa gente con la que puedes estar despierta hasta el amanecer, comer churros e ir a dormir y no se mueve un ápice. 
Me gusta esa gente, esa a la que le gustan los amaneceres y los atardeceres, esa gente que puede estar hablando una madrugada entera y ser capaz de querer repetirla. 
Me gusta esa gente que te dice que te quiere y que te va a echar de menos sin tapujos, esa gente que aún sabiendo que le quieres te pregunta cada cierto tiempo para reafirmarse. 
Me encanta ese tipo de gente, esos que parece imposible que existan y que cuando les llegas a conocer no quieres que se alejen de tu vida jamás. Ese tipo de gente es el que en realidad vale la pena conocer (y cuando hablo de conocer es en profundidad). 
Me gusta esa gente que sabe escribir, a esa gente hay que tenerle miedo porque puede rozarte el corazón sólo con palabras. Esa gente que entiende que hay cosas que se miden en "lo que no esta en los escritos". 
Me gusta esa gente, esa a la que es imposible definir al 100% porque aún no existe las palabras suficientes para hacerlo, porque es imposible definir a una persona para la que aún no se han inventado los adjetivos adecuados. 
Me gusta ese tipo de gente, no puedo evitarlo, esa gente que cree que soy un perro verde pero que cuando me conoce, bueno cuando me conoce deja de creerlo y empieza a estar segura de que lo soy. 
Pero sí, me gusta esa gente, esa gente que es como tú. Y si lo piensas tiene cojones (o dicho más finamente: "resulta de lo más desolador") que aún tengas el valor de preguntarme que si te voy a echar de menos.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Nunca me pierdo si sé que te puedo perder a ti.

Yo ya he probado la adrenalina, y no hablo de ir en moto a una velocidad excesiva, ni de saltar en paracaídas... Es más, odio las motos y tengo vértigo.
Hablo de la adrenalina de unos labios nuevos, hablo de esa ansiedad que nos lleva a unirnos a una persona y luego a buscar otra y otra... Hablo de esas jodidas mariposas que nos gustan sentir (aunque personalmente me den un asco terrible).

Yo he pasado por muchos labios, demasiados... Y si me preguntan el porqué puedo explicarlo. A mi una vez también me partieron el corazón, me lo partieron en 10.000 millones de pedazos, y me perdí. Me perdí de tal manera que buscaba en todos los labios una respuesta, una ilusión, algo que calmara mi daño, sin saber que no había solución, que la ilusión no se busca, te encuentra ella, y que cuando el amor te destroza no hay nada que te calme, solo el tiempo (aunque suene tópico). Porque principalmente hay que aprender que es verdad que el amor no nos mata, pero joder, vaya como duele... Como la jodida ansiedad nos destroza poco a poco, como se quitan las ganas...

Pero todo esto se cura, todo esto acaba terminando en un momento determinado. Y no, no termina buscando otros labios, ni buscando respuestas, termina el día que tu cabeza y tu corazón son capaces de cerrar ese capítulo. Sólo en ese momento es cuando alguien está preparado para que otra persona recoja esos 10.000 millones de pedazos y nos ayude a ir uniéndolos poco a poco.

Yo encontré a esa persona, la que me ayudo a unir mis pedazos, y no se si es un error, pero he vuelto a creer en los "para siempre", a pesar de que una vez lo pensé y no fue así... Pero supongo que por eso lo llamamos amor, por eso volvemos a ilusionarnos y por eso es una locura. Y si algún día acaba, y me vuelvo a romper (esta vez en 50.000 millones de pedazos), espero tener la paciencia suficiente de encontrar a quien amar, y no buscar respuestas inexistentes en tantos labios sin sentimientos. Pero antes has de saber que no quiero romperme jamás en 50.000 millones de pedazos, porque lo que tu me das nadie más me lo ha dado ni me lo darán. Espero no tener que esperar por otros labios, porque son los tuyos los únicos que me hacen suspirar. Espero no perder a la única persona que me ha enseñado realmente lo que es amar.

Nunca te pierdas y me pierdas, nunca me pierdo si sé que te puedo perder a ti.

jueves, 23 de abril de 2015

¿Y si jugamos al escondite?

¿Recuerdan cuando de pequeños jugábamos al escondite? Creo que sin querer ahí inventamos una de las cosas más importantes de nuestra vida.
A lo mejor deberíamos volver a esa época de vez en cuando, quizás deberíamos montar un juego del escondite a nivel mundial. ¿Qué encontraríamos? ¿A quién?
Quizás nos encontraríamos a nosotros mismos, al niño que aún habita en nuestro interior, al que nos suplica que volvamos a jugar un poco más, que dejemos las responsabilidades y el estrés a un lado, que la vida no es solo eso.
Caemos en el error de pensar que de mayores somos muy maduros, y sin embargo los niños son los que nos enseñaron lo más básico de la vida: “que a veces hay que perderse para encontrarse”. Algo que a un gran porcentaje de personas nos haría falta ahora mismo, y ya no hablo en el término de jugar, hablo de perdernos, de aprender a no pensar, de desconectar.

Hemos crecido, y nos hemos atado a tantas cosas que nos es imposible tener una vida alejada de ellas. ¿Y si nos perdiéramos? ¿Y si lo que descubriéramos dentro de nosotros al encontrarnos nos gustara más que lo que vemos ahora mismo?
Yo pagaría lo que hiciera falta por desconectar el cerebro, dejarlo en blanco, pagaría lo que fuera por perderme. Pero no quiero perderme porque odie mi vida, ni a mi familia, ni a mis amigos… No, valoro todo lo que tengo y sé darle a cada cosa o persona el valor que sé merece. Quizás no a todas las personas, quizás a mí misma no me sepa dar ese valor.

Necesitamos volver a encontrarnos, necesitamos ver de dónde venimos, hacia donde nos dirigimos, que nos ha traído hasta aquí. Ver los principios en los que nos hemos fortalecido y ver si eran los correctos o si debemos dejar que se disipen. Porque ello no significaría tener poca personalidad, significa tener la cabeza suficiente para ser capaces de ver que algo hemos hecho mal, algo que nos ha llevado en cierto modo a perdernos, pero no podemos quedarnos así… Debemos encontrarnos.

Si alguien me necesita, que sepa que estaré jugando al escondite.