Hablamos de los amores del pasado, le conté todos y cada uno de los que creí que eran “los amores de mi vida”, le hable de lo estúpido que resultaba que aún habiendo pasado tanta gente por mi vida, cada persona nueva que llegaba parecía que sí sería el amor de mi vida… Quizás eso sea lo que hace que el amor siempre sea “mágico”.
Hablamos también de los celos, y como hablaba con aquella persona tan importante para mí, le confesé mis pensamientos, le dije que podía tener un escudo que aparentara un millón de cosas, pero que tenía claro que probablemente fuera una de las personas más celosas del mundo, eso sí, siempre dejando claro que no soy la típica loca que se inventa paranoias, mis celos son reales, son los que surgen cuando vemos algo que no nos gusta, cuando algo nos da rabia con motivo.
Y hablando de los recuerdos… Bueno, con los recuerdos siempre he tenido un problema, mi memoria de pez para los estudios tiene la bonita función de acordarse de todo lo demás, y jamás he podido olvidar nada de lo que me ha pasado (que sea importante). Y le conté mis recuerdos más importantes, y lloré, no suelo hacerlo la verdad, siempre me tachan de insensible, pero ese día si lloré, y lo hice con todas mis fuerzas y después me sentí muchísimo mejor. Le conté a aquella persona tan especial las cosas más importantes que me habían pasado en la vida, y lo hice quizás porque esa persona siempre fue como una hermana para mí, con otra persona no hubiera podido hacerlo.
Y entonces me lo preguntó, me hizo las tres preguntas que más me han hecho reflexionar en la vida. Empezó diciéndome lo siguiente: “¿Realmente crees que lo que sientes son celos o es miedo?” En ese momento me quede en shock, nunca me había parado a pensarlo, alardeaba de ser una persona muy fuerte como para tener miedo de perder a otra persona, ¿cómo iba yo a tener miedo? Pero justo en ese instante me dí cuenta de que esa persona me conocía incluso mejor de lo que yo creía, y que tenía muchísima razón… Pero como ya sabía la respuesta sin que yo llegara a abrir la boca para intentar rebatirle esa idea de la cabeza, me hizo la segunda pregunta: “Si pudieras volver por un momento al pasado, ¿lo harías?” Y sinceramente lo dude, por mucho tiempo. En esta pregunta si le interesaba la respuesta y me dejo muchísimo tiempo para que pudiera pensar y responder tranquilamente… Me lo plantee, lo pensé por varios minutos, quizás más de los que fui consciente. Pero, después de ser una persona muy nostálgica y recordar siempre el pasado, descubrí que no querría volver atrás ni para coger impulso, que todos y cada uno de los recuerdos vividos son perfectos tal y como están, que fueron parte de mi pasado, un pasado perfecto eso sí, pero pasado. Me vino a la cabeza una canción que dice “el pasado es una chica a la que no hay que desvestir”, y creo que tiene una razón inmensa.
Y la última pregunta surgió después de que escuchara toda mi explicación sobre esos recuerdos y ese pasado, fue una pregunta directa, sin rodeos, al fin y al cabo como las anteriores: “Y ahora, ¿también sientes que este amor es el amor de tu vida?”. No me hizo falta responder, me dijo que ya le había contestado con los ojos y la sonrisa, pero aún así lo hice, le mire a los ojos y conteste: “no, esta vez no siento que también sea el amor de mi vida, esta vez sé que lo es.” Y me sonrió, y por una vez me conocí como nunca me había conocido antes, y todo por lo que ese día me preguntaron.